Volver a Asturias es siempre maravilloso. Yo no soy mucho de imponer, pero en este caso creo que debería ser obligatorio ir a Asturias una vez al año.
Han sido cuatro días muy intensos en los que he tenido tiempo de reencontrarme con esas pequeñas cosas que tan importantes son en nuestra vida y gracias a las prisas nos pasan tan desapercibidas. He sido capaz de leer algo más que convenios y actas de pleno, he jugado a inventar formas con las nubes, he paseado por la playa con tacones de cuña y en la nieve con zapatos deportivos. Y he comido ¡qué barbaridad! Alguien debería enseñar a los asturianos el tamaño de un estomago. Pero sobre todo he disfrutado de los míos, que ya tocaba.
Mencía ha traído regalos para toda la familia, reflejo de las cosas que son elementales, arena de la playa, piedras de la montaña y hasta una botella con nieve. Yo también he traído algo. Después de este paréntesis en verde y blanco he tomado aire y vengo dispuesta a seguir trabajando con más ilusión si cabe. Asturias, paraíso natural.
miércoles 11 de abril de 2007
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2 comentarios:
Hola Gemma, bienvenida. Tengo familia asturiana, y tengo un problema de tiempo, cada vez que les visito. Se me junta el desayuno con el almuerzo, con el aperitivo con la comida, con la merienda con la cena....
Tienes razón, alguien debería explicarles el tamaño de un estómago humano. Pero a mí me encanta.
Pero la cuestión es que realmente, el tamaño de un estómago humano es muy variable. En Asturias -como en Galiza- mi estómago suele crecer tanto, que me alarma. Sin embargo, él no se muestra en absoluto preocupado.
Bienvenida a la cosa ésta, Gemma. Y que las pancartas te queden bien puestas.
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